Pusieron ritmo, alegría, creatividad y sorpresa a las tardes de un tedioso confinamiento domiciliario obligado por la pandemia. Desde su balcón, el de la calle de Torrecedeira, un espectáculo improvisado se convirtió en ritual para los parroquianos de las ventanas contiguas. E hicieron del reconocimiento de las ocho de la tarde el momento más esperado del día. Todo empezó como empiezan estas cosas, de forma espontánea. Y una tarde, los aplausos con peluca se hicieron show. Máquina de humo, música y 49 disfraces para los 49 días que duró el espectáculo. Un espectáculo que ahora co...