En mi adolescencia, si alguien quería besarte y hacerte arrumacos, te pedía si querías pasear cerca de las barcas. El eufemismo marinero era una propuesta de amour fou. Un sábado noche, el guapo guapísimo del pueblo le propuso paseíllo a mi amiga guapa guapísima. Salieron de la discoteca al ritmo del Voyage, voyage, de Desireless, y el resto de la pandilla creyó que esa música en francés solo podía ser el preámbulo de un verdadero amor de verano. No fue así y mi amiga volvió poco después con cara de decepción. Nos contó que, mientras ella le miraba fijamente haciéndole ojitos...