Lorenzo Insigne, el príncipe napolitano del rey de Europa
/Fin Código Embebido/ Pese al fenómeno de Diego, Insigne creció con una idolatría distinta: adoraba a Ronaldo, y soñaba con tener sus botines mientras la rompía en los recovecos del barrio Frattamaggiore. Cuando tenía 8 años acompañó a su hermano a la escuela de fútbol a la que asistía e hizo un berrinche insoportable para que lo dejaran jugar. Uno de los entrenadores, cansado de su accionar, le permitió entrar a la cancha. Y su talento lo mantuvo del lado de adentro de la línea de cal. Lorenzo estaba feliz, pero necesitaba unos botines. Y no quería cualquiera: deseaba los de R...