La rabia y las lágrimas cubren sus rostros, gritan su cólera entre los escombros todavía humeantes de la unidad coronavirus del hospital de Nasiriya, en el sur de Irak. Sus primos, sobrinos o vecinos murieron en el incendio que dejó 64 muertos el lunes por la noche. «Vinieron para curarse y salen en féretros», clama un hombre desesperado, Abu Nur al Shawi, que perdió a varios miembros de su familia. «Este hangar no servía ni para acoger animales», afirma rodeado de decenas de vecinos venidos para contemplar el desastre. Construido a finales de 2020 en el recinto del hospital Al Hus...