Sánchez o cómo reavivar la llama separatista
EFE El de los indultos no es el tinglado de la antigua farsa, que aliviaba en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes y embobaba en las plazas de humildes lugares a los simples villanos. No lo es, puesto que no provoca diversión ni risas, aunque su asunto sea tan guiñolesco, disparatado y sin realidad alguna como el que anunciaba Benavente en el prólogo de Los intereses creados. Pero el irreal disparate al que abren la puerta los indultos, cuyo primer acto son las reacciones jactanciosas de los separatistas, se funda en las esperanzas en que, gracias al gesto magnánimo, se pueda...