Por: Edgar Perdomo Arzola Viernes, 30/07/2021 05:29 AM | Versión para imprimir "A pesar de sus carnes, doña Pancha era un jinete extraordinario; y la pistola en sus manos era prolongación de un ojo. Sin detener el gran caballo piñalero al galope, tendió el brazo, disparó y arrancó en vilo, del tope de una palmera seca, un gavilán ‘cari-cari’. Pero, con todo eso, no era más que eso que vivía allí: una mujer que tenía que defenderse, sola en aquel medio y que para defenderse tenía que agregar a su valor personal una serie de leyendas acerca de sus poderes ocultos y sus cordia...