La consejera de Sanidad habló de convertir el nuevo Hospital de Salamanca en un ‘hospital líquido’. Un término que dejó con el ceño fruncido a muchos de los presentes, pero que viene utilizándose desde hace años en el ámbito de la medicina. Habla de hospitales que no son rígidos y que obligan a los pacientes a adaptarse a sus normas, sino al revés: que son moldeables y se adaptan a las necesidades de los enfermos. “Un hospital líquido es el que se adapta al paciente y cuyo objetivo es que el enfermo esté el menor tiempo posible dentro”, explicó Verónica Casado.