Un archipiélago. Tres islas. Trescientas sesenta y cinco iglesias - Jot Down Cultural Magazine
No hace falta ser un gran parroquiano, en el sentido más literal del término, para percibir la insólita placidez que lo envuelve a uno cuando se sienta en el banco de una iglesia, aunque sea por casualidad e incluso, llegado el caso, desde el más salubre agnosticismo
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