Un patrimonio de recuerdos Cuando la Unesco anunció la semana pasada que el conjunto del Paseo del Prado y el parque del Buen Retiro, en Madrid, fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial experimenté una profunda emoción. Era una manifestación de sentido de pertinencia a la capital española, independientemente de las circunstancias que te alejan temporalmente del lugar donde permanece tu corazón. Cuando se supo la noticia me uní al júbilo de los madrileños, orgullosos de un espacio verde urbano que ha evolucionado a lo largo de la historia: cinco siglos marcados por el momento d...